martes, 29 de abril de 2014

TERE, LA OVEJITA DORMILONA

“Tere” era una ovejita dormilona que vivía junto con sus compañeras de rebaño en un precioso pueblecito rodeado de montañas. Todos los días las ovejitas salían a pastar por la montaña y regresaban al establo poco antes de la puesta del sol.

“Tere” había recibido este apodo de sus compañeras porque, siempre, después de comer su ración de pasto, buscaba la sombra de un árbol y se quedaba bien dormida.
Roncaba con mucha fuerza, que molestaba a las otras ovejas. Además éstas tenían que despertarla al regresar al pueblo, pero, un día, decidieron darle un buen escarmiento.
– Hoy no avisaremos a “Dormilona”. Cuando despierte y no vea a nadie, se llevará tremendo susto. Así aprenderá a dejar el sueño para la noche y a valerse por sí misma -dijo una de las ovejas.
En efecto, después de comer, “Tere”, tal y como acostumbraba, buscó la sombra protectora de un árbol y, al cabo de unos instantes, se quedo bien dormida. Tal como lo habían acordado sus compañeras se fueron al pueblo sin llamarla. Cuando “Tere” se despertó, ya casi era de noche. Al verse abandonada, se asusto mucho y de prisa regreso al establo sola. 
Al llegar a éste, “Tere” fue amonestada por sus compañeras.
–De ahora en adelante, ninguna de nosotras va a ser tu “despertador”. Esperamos que lo de hoy te haya servido -le dijo una de ellas. 
Sí, “Tere”, dormilona... ya no volvió a merecer tal nombre, pues comprendió que no había actuado bien con sus compañeras. Cada cosa, en su momento, amiguitos.

Moraleja:

¡Con responsabilidad debes proceder, o a las consecuencias te debes atener!

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